Pintores y el

Confinamiento

En esta exposición virtual te ofrecemos una selección de obras de arte que, sin pretenderlo, anticiparon algunas de las escenas que nos está dejando el confinamiento.

Antonio López (-2-) inmortalizó la ciudad de Madrid desde puntos de vista diversos y en múltiples ocasiones. Lo que quizás no imaginaba es que la Gran Vía, una de las calles más transitadas de la ciudad, acabaría convirtiéndose durante tanto tiempo en una zona deshabitada, tal y como él la había retratado. Y es que, aunque la intención del pintor hiperrealista fue la de capturar la capital madrileña bajo la luz del amanecer y centrar su mirada en lo inerte, sus obras parecen casi una premonición de las consecuencias que está teniendo el estado de alarma en múltiples ciudades españolas.

Pero López no fue el único que encontró encanto en las ciudades vacías. A principios del siglo XX, Giorgio di Chirico (-3-), famoso pintor italiano cuyas composiciones precedieron al surrealismo, experimentaba con la soledad y los monumentos del norte de Italia en la que se conoce como pintura metafísica. El aislamiento tiene un papel protagonista en algunas de sus series. Es lo que ocurre, por ejemplo, en Plazas de Italia, obras que le hicieron pasar a la historia como el pintor de un mundo solitario, de ensueño y con perspectivas infinitas prácticamente imposibles.

La escena no cambia demasiado un poco más allá del mar de edificios, en las zonas más rurales y cercanas a la naturaleza. El paisaje solitario se mantiene, aunque en este caso las vistas son más cercanas a las capturadas en las obras románticas de Caspar David Friedrich (-4-), en las que el hombre, normalmente en solitario, se siente diminuto ante la inmensidad de la naturaleza. Su Abadía en el Robledal transforma la ruina en un paisaje cargado de melancolía y de añoranza del pasado que no se aleja para nada de nuestras actuales sensaciones.

El geógrafo (-5-), inmortalizado en el siglo XVI por Vermeer, que solitario intenta en vano centrarse en sus estudios para acabar mirando a través de su ventana, tal vez añorando el mundo exterior, que es el objeto de sus estudios.

Fragonard, el pintor ro-cocó, retrató a la Muchacha leyendo (-6-), obra que se sabe que oculta un arrepentimiento, ya que la aparición de un boceto hizo descubrir a los investigadores que existe otro rostro de mujer previo que mira hacia el espectador.

Los jugadores de cartas, de Cézanne (-7-). Esta obra, aunque aparentemente sencilla, es una de las más importantes de la historia del arte y coronó definitivamente a su autor como padre de la pintura moderna, ostentando durante mucho tiempo el título del cuadro más caro de la historia.

En el caso de Berthe Morisot (-8-), la pintora impresionista por excelencia, el aura melancólica de Hopper desaparece casi por completo. A lo largo de su producción retrata en múltiples ocasiones el aislamiento, pero acompañado de sensaciones mucho más cálidas, como en La hermana de la artista en la ventana, donde la joven aparece ensimismada observando el abanico que sujeta entre sus manos.

Mañana en Cape Cod (-1-)de un día para otro nos hemos convertido en protagonista de las obras de Edward Hopper.

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